Marruecos: Solidaridad en el desierto

Marruecos: Solidaridad en el desierto
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Cuando el año pasado mi marido me planteó viajar a Marruecos con nuestros tres hijos me asaltaron todo tipo de dudas por la desconfianza que genera visitar un país desconocido del Norte de África. Un recelo que responde a las ideas preconcebidas (muchas de ellas falsas) y a los prejuicios, miedos e inseguridades que han surgido a raíz del terrorismo.

Pero, al final, acepté porque era imposible negarse a una propuesta tan interesante como la que, año tras año, desarrolla la asociación El Desierto de los Niños, un viaje solidario por Marruecos concebido por y para las familias para mostrar a nuestros hijos una realidad distinta a la que están habituados, en una ruta donde se combina turismo, ocio e itinerarios de 4 x 4.

COMENZAMOS EL VIAJE A MARRUECOS

Fue tal el entusiasmo que despertó en nosotros que este año hemos repetido la experiencia en una edición que ha sido todo un éxito ya que la caravana estaba formada por 208 personas, 22 de la organización y 65 niños, de entre 5 y 14 años.

En cuanto a los coches: 61 vehículos 4 x 4, entre los cuales se encontraban los Hyundai Tucson, Santa Fe y Gran Santa Fe pilotados por periodistas y organizadores.

Hace una década, cuando el ex copiloto del Rally Dakar y actual director de la revista 4 x 4 Autoverde, Nacho Salvador y su socio, Fede Grande, plantearon a Hyundai el proyecto, la marca coreana aceptó de inmediato no tan sólo cediendo sus vehículos a la organización e invitando a los periodistas, sino también apoyando económicamente el viaje y a la asociación. Desde entonces son una pieza clave, como también lo es la Fundación Alain Afflelou.

De hecho, hasta este año, la compañía ha desplazado a más de 40 ópticos, -voluntarios elegidos por sorteo-, que han realizado más de 3.000 revisiones de vista y han regalado más de 1.300 gafas graduadas y 3.200 gafas de sol.

El reto, un año más, estaba servido porque, a pesar de alojarnos en hoteles y realizar actividades de ocio y turismo (visita a Fez, a la ciudad romana de Volúbilis, al bosque de cedros o conducir por las dunas del Erg Chebbi) éramos conscientes de los kilómetros a recorrer y de la realidad que volveríamos a ver.

En Marruecos hicimos un total de 1.825 km, de los cuales 1.340 km fueron por carretera y 495 por dunas, ríos de arena, lechos de ríos secos, grandes llanuras, pistas y oasis, a los que añadimos los casi 2.000 km de los viajes realizados en la Península…

En definitiva, cerca de 4.000 km recorridos del 7 al 15 de abril. Un aprendizaje de vida y una lección de humanidad.

VISITA A UNA ESCUELA DE NÓMADAS

Ir a Marruecos en coche te brinda la oportunidad de conocer zonas donde el turismo prácticamente brilla por su ausencia y es allí, en estos parajes y pueblos, dónde te percatas de cómo son sus gentes y de cómo y dónde viven.

Así fue el trayecto hacia el sur del país, en una zona limítrofe con Algeria. Es entonces cuando rompes con esquemas preconcebidos al ver una realidad que está a años luz de la nuestra y te das cuenta de que las quejas habituales de nuestra rutina diaria son meras anécdotas.

La visita a la escuela de nómadas apadrinada por la navarra Cristina “Aisha” Montero fue uno de esos momentos.

En la hammada detrás del desierto del Erg Chebbi, prácticamente en medio de la nada, Aisha intenta que las niñas y mujeres puedan tener una labor que les permita mantenerse económicamente porque, no olvidemos que, en su cultura, el hombre es el amo y señor.

Por lo general las criaturas no van a la escuela hasta los 7 años, de ahí que uno de los proyectos de Desierto de los Niños sea crear guarderías, y en el caso de las niñas suelen estar hasta los 12 años porque luego tienen que ayudar a su madre a llevar la casa y a cuidar de sus hermanos. Luego pasan de ser adolescentes a jóvenes obligadas a casarse en matrimonios concertados con hombres mucho mayores que ellas.

El recibimiento fue espectacular. Las niñas llevaban dos meses haciendo pequeñas artesanías para vendernos y las mujeres nos mostraron la manera tradicional de preparar el cuscús. Mientras tanto, Aisha nos explicaba su labor en esta zona: invertir sus ahorros en la escuela mientras buscaba fuentes de financiación.

Ahora, la aportación de El Desierto de los Niños le da la tranquilidad anhelada para afrontar nuevos proyectos y pagar el sueldo del maestro y la comida de los alumnos tres veces por semana: 400 euros al mes.

Fue en este inhóspito lugar donde la caravana dejó ropa, comida, material escolar y donaciones económicas. El agradecimiento de Aisha fue tal que lo recoge en su página de Facebook.

Este proyecto educativo se enmarca en los intereses de la asociación, que en los últimos años ha financiado la construcción y adecuación de escuelas y guarderías, entre ellas, un centro para niños con discapacidad intelectual en Erfoud, que tuvimos la oportunidad de conocer el año pasado. Toda una experiencia.

La visita a la escuela nómada fue el primer punto de inflexión del viaje. Mis hijos, mi marido y yo descubrimos que las familias tienen otra filosofía de la vida, otra cultura y otros objetivos. Deben luchar para sobrevivir y no pueden permitirse el lujo de desfallecer.

A mí me sorprendieron sus intensas miradas, que interpreté como una mezcla de respeto y temor; sus casas de adobe construidas en medio de la nada y la eterna sonrisa de unos niños que sólo te piden un bolígrafo, una gorra, una camiseta o un balón de fútbol con una educación que, en ocasiones, echo de menos en Europa.

Es el mismo rostro que vi a diario en las criaturas que salían corriendo de sus casas para saludarnos con entusiasmo desde los márgenes de la carretera cuando estábamos en ruta o que se acercaban de inmediato cuando aparcábamos el coche para ir a comprar agua embotellada y el típico pan redondo que, por cierto, estaba riquísimo.

AFFLELOU Y SUS MÁS DE 700 REVISIONES ÓPTICAS

El segundo punto de inflexión del viaje fue la visita a una de las escuelas donde seis jóvenes ópticos de la Fundación Alain Afflelou revisaban la vista a niños, mujeres y hombres que lo hacían por primera vez.

Una vez más nos dieron la bienvenida ofreciéndonos té y frutos secos y una veintena de criaturas, menores de 12 años, nos ofreció un improvisado concierto en medio de la calle polvorienta que alentó algunos componentes de la caravana a baila, cantar y a reír.

Una muestra espontánea de gratitud hacia los que les brindan una oportunidad de mejorar su calidad de vida.

En esta parte de Marruecos, es habitual diagnosticar a gente con más de 20 dioptrías. Las gafas graduadas que Afflelou luego les envía representa ver o no ver. Y en el caso de los niños la diferencia entre ver o no la pizarra es continuar o abandonar la escuela.

Este año, Verónica, Raquel, Luisa, María, Juanjo y Joan revisaron la vista a más de 750 personas en las cuatro agotadoras jornadas en las que se desplazaron a Hassilabiad, Merzouga y Rissani. Una actividad a la que se sumó Abdelaziz Idhammou, director de Desarrollo de la compañía para el Magreb y África francófona, que se mostró sorprendido y agradecido por la labor que realiza El Desierto de los Niños.

Al finalizar el viaje, los ópticos reconocieron que repetirían la experiencia por lo que representa vivir esa realidad y las muestras de emoción, cariño y respeto recibida en todo momento por sus habitantes.

CINTAS REFLECTANTES PARA PEATONES

Otro de los patrocinadores, la marca de neumáticos Kumho Tyre, repartió este año más de 2.000 cintas reflectantes para peatones y ciclistas para reducir la tasa de siniestralidad por los atropellos nocturnos ya que, en esta parte del país, el alumbrado público no es generalizado.

Con este mismo fin, el año pasado entregaron paneles reflectantes para colocar en la parte trasera de los carros tirados por burros, un transporte muy habitual para identificarlos ante los vehículos que circulan de noche por las carreteras de la zona de Erfoud.

Asimismo, este año también llegó un camión con material educativo, ropa y zapatos, históricamente patrocinado por Aquarius gracias a la labor del antiguo director de marketing de Coca Cola España y activo colaborador de la asociación, Juan Carlos del Pozo, fallecido recientemente y que la organización recordó con un adhesivo en la parte posterior de sus respectivos vehículos.

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