Veintiuno Coffee Lagasca en Zaragoza

Veintiuno Coffee Onawa Roasters

Si hay algo que nunca falla cuando salimos, es buscar un buen café donde empezar el día. En nuestra última escapada, mi marido Javier se encargó de buscar en Google Maps una cafetería y el nombre que más le llamó la atención era Veintiuno Coffee Lagasca en Zaragoza, un local con Solete Repsol que prometía. Y, por supuesto, había que ir a comprobarlo.

Cómo llegar

Está en Calle Lagasca, 9, en una zona muy accesible del centro de Zaragoza. Puedes llegar andando desde Plaza España o Paseo Independencia en unos minutos. Si vas en tranvía, la parada de Gran Vía queda muy cerca. Y si prefieres ir en coche, los parkings de Plaza Aragón y Fernando el Católico son los más prácticos.

El espacio

El local es amplio y luminoso, con mesas grandes y distintos ambientes. Uno de los rincones más llamativos es el espacio de gradas de madera con el mensaje “Haciendo comunidad”. Está pensado para sentarse de forma más informal. Hay cojines y una estética muy cuidada. Eso sí, un cartel avisa que los niños no pueden subir a esa zona, algo que probablemente ayuda a mantener el orden cuando el local está lleno.

Otro punto a favor: es pet-friendly. Puedes entrar con tu mascota sin problema, algo que siempre suma cuando viajas acompañado.

Hay movimiento constante, pero el local está bien distribuido y no resulta incómodo. Funciona para desayunar, brunchear o incluso trabajar un rato si vas en un momento más tranquilo.

El café

Trabajan con Onawa Coffee, su propio tostador, y eso se nota nada más probarlo. Pedimos un capuchino con bebida vegetal de avena y un latte, y los dos estaban muy bien preparados: buena temperatura, leche bien emulsionada y un sabor limpio, sin amargores, de esos cafés que se disfrutan sin necesidad de azúcar.

Veintiuno Coffee Roasters Zaragoza

Para quien no esté metido en el mundo del café de especialidad, vale la pena aclararlo rápido: cuando un café se considera “de especialidad” es porque ha pasado una evaluación muy estricta y supera los 80 puntos en la escala de la SCA (Specialty Coffee Association). Se mira el aroma, el sabor, la acidez, el cuerpo y, sobre todo, que no tenga defectos.

Onawa Roasters en Zaragoza
Onawa Roasters en Zaragoza

Además, este tipo de café tiene algo que el comercial no tiene: trazabilidad. Se sabe de qué finca viene, quién lo produce, cómo se cultiva y cómo se procesa. Son cafés 100% arábica cultivados en condiciones muy cuidadas, y eso se traduce en tazas con personalidad: notas más claras, más definidas y perfiles que van desde lo afrutado hasta lo achocolatado.

Onawa Roasters en Zaragoza

La carta

Antes de sentarte ya tienes la vitrina delante, y cuesta no entretenerse porque todo luce muy apetecible. Dulces y salados: croissants de pistacho o Nutella, berlinas, pan suizo, donuts, torrijas, brioche de jamón y queso, pulguitas… todo bien etiquetado y con precios claros.

Nosotros pedimos el brioche de pastrami —pan de brioche, pastrami, rúcula, queso ligero y salsa de miel y mostaza— y un croissant de crema de almendras. Los dos estaban buenos y bien presentados. Es el típico sitio donde puedes ir con hambre, con antojo de algo dulce o simplemente a picar algo rápido, y siempre encuentras una opción que encaja.

También tienen opciones saladas listas para llevar, sandwiches, wraps y pequeñas elaboraciones que facilitan mucho si vas con prisa.

Al marcharnos, le pregunté por el secreto del éxito. No fue una receta complicada: ni máquinas sofisticadas ni modas pasajeras. Me respondió con una sonrisa: “el barrio nos ha tratado de maravilla desde el primer día”. Y créeme, se nota. No solo en el café bien hecho o en la bollería apetecible; se nota en el aire, en el tránsito natural de personas que entran y salen, muchos de ellos repitiendo.

Veintiuno Coffee Lagasca no aparece como un experimento de moda. Aparece como un rincón querido, que no inventa nada espectacular pero acierta con lo esencial: buen producto, buen trato, y un lugar pensado para sentirse a gusto. Eso, al final, es lo que hace que uno se quede mirando la carta, pida sin dudar, y vuelva. Porque cuando una cafetería pertenece al barrio —y éste la acoge—, tiene muchas más posibilidades de convertirse en “tu” lugar.

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