Vinos naranjas y Pet-Nat sin complicarte la vida

vinos naranjas y pet-nat con propuesta gastronómica

Seguro que te ha pasado. Sales a tomar algo, te apetece un vinito así tontorrón, echas un vistazo a la carta y ves secciones con vinos naranjas y Pet-Nat.

Tranqui, no es que el vino se haya vuelto rebelde (bueno, un poco sí). Lo que pasa es que estamos volviendo a las raíces. Y aquí te cuento qué son estas “nuevas” tendencias para que la próxima vez pidas con toda la confianza del mundo. Porque ya sabes lo que siempre digo: no hace falta saber de vinos para pedir lo que te dé la gana y disfrutarlo.

Vamos al lío.

Qué son los vinos naranjas y los Pet-Nan

Por un lado tenemos los vinos naranjas.

No, no están hechos con naranjas. Se llaman así por su color ámbar o anaranjado.

¿Cuál es el truco? Se elaboran con uvas blancas, pero, a diferencia del vino blanco tradicional, el mosto pasa tiempo en contacto con las pieles (hollejos). Ahí está la gracia. Si quieres profundizar un poco más en este estilo, Sara ya habló hace tiempo del vino naranja en Amigastronomicas.

¿A qué saben? Pues aquí depende, pero en general tienen más cuerpo, son más estructurados y a veces tienen ese puntito tánico que te puede recordar a un tinto, pero manteniendo frescura.

vinos naranjas y pet nat

¿Con qué van bien? Comida especiada, currys, quesos curados o platos con bastante personalidad. Vamos, que suelen aguantar bien el tipo.

Y luego están los Pet-Nat, que ya solo por el nombre parece que vayas a pedir algo rarísimo, pero tampoco es para tanto.

Pet-Nat viene de Pétillant Naturel (sí, los franceses poniendo nombres que parecen complicados para todo). Básicamente, es una de las formas más antiguas de hacer vinos con burbujas, bastante anterior a otros métodos más conocidos.

¿La diferencia? Se embotellan antes de que termine la fermentación, así que el gas se genera dentro de la propia botella de forma natural.

Por eso muchas veces los verás algo turbios, con sedimentos y con chapa, como si fueran un botellín. No es postureo. Bueno… a veces sí. Pero forma parte del estilo.

¿Y a qué saben? Son frescos, con burbuja suave y muy fáciles de beber. Iba a decir “divertidos”, pero mientras escribía esa palabra me he sentido un poco ridículo. Aunque la verdad es que sí, molan.

¿Y por qué están tan de moda?

Más allá del postureo de Instagram (aprovecho el momento publicitario descarado para decirte que me sigas en @lavidesbella), estos vinos conectan con una forma distinta de entender el vino.

Menos intervención, menos obsesión por que todo sepa exactamente igual y más intención de que la botella refleje la uva, el sitio y lo que ha pasado ahí dentro.

Eso sí, tampoco compremos cualquier discurso sin pensar. Que un vino sea turbio o tenga posos no significa automáticamente que sea maravilloso.

Otro día hablamos de algunas guarrerías que también se intentan vender como vino natural, porque ahí hay tema.

Pero por hoy, quédate con esto: si te cruzas con uno, pruébalo. Igual descubres que te gustan bastante más de lo que pensabas.

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