Rockstars de 1200 euros

chef entre reconocimiento gastronómico y trabajo diario

Hubo un tiempo en el que los cocineros estaban en la cocina y los sumilleres en la sala. Pero, a medida que las redes nos roban cada vez más tiempo (4 horas diarias de móvil… en 5 años, habrás pasado un año entero frente a una pantalla), algo tenemos que cambiar, amigos/as.

De repente, la gastronomía se convirtió en el nuevo rock and roll. Las chaquetillas blancas pasaron a ser el equivalente a las guitarras eléctricas, y las barras de los bares, los escenarios de un festival interminable (como los que se suelen pegar a nuestra costa los políticos, da igual del color que sean).

El Chef / Sommelier como icono Rockstar

Hemos pasado de admirar el guiso a venerar al autor. Hoy, los chefs ya no solo cocinan; protagonizan documentales, firman líneas de zapatillas y posan en alfombras rojas de cualquier festival conocido que se precie.

Se les trata como a estrellas de cine o deportistas de élite, rodeados de un aura de misticismo que, sinceramente, no sé de dónde sale. A veces basta con aparecer en algún concurso culinario de esos que llevan ya 38 ediciones calcadas… y con eso les da para tener seguidores, dejar sus “tristes vidas” y dedicarse a lo que “siempre han querido”: la cocina… (nótese la ironía), y abrir su foodtruck de smash burger en uno de esos festivales de hamburguesas rosas con salsa de galleta Lotus.

El vino y la “Dictadura” del Top 100

El sector del vino, siempre tan elegante (casposo) y tan bien vestido (no me cansaré de criticar eso nunca), no se ha querido quedar atrás en esta carrera por el foco.

Han proliferado los concursos, las listas y los Top 100 de Sumilleres que parecen más una gala de los Oscar que un reconocimiento al servicio.

rockstars de 1200 euros. Sumiller con notas de cata top 100

Ojo, que aquí nos conocemos todos: da gusto ver a amigos y grandes profesionales recibir un aplauso. Se lo merecen por su conocimiento y su esfuerzo (mucho más por lo segundo).

El problema no es el reconocimiento, sino la burbuja de postureo que se genera alrededor. Vivimos pendientes de un “puto like”, de la foto con la botella incunable o del trofeo de cristal para colgarlo en el feed de Instagram, alimentando un ecosistema donde parece que si no estás en la lista, no existes.

La paradoja del sector

Mientras más brilla el foco de este tipo de eventos, más oscura se vuelve la oferta salarial en el mismo.

Como en la canción de “Luces de Neón”… Tendría que reconocer que no llevo razón…

Lo más sangriento de esta “rockstarización” es el contraste con la realidad de las trincheras.

Mientras el marketing nos vende una vida de lujo y Ferraris, a caballo entre Dubái y yates… la realidad de la mayoría de los trabajadores del sector (esos que no salen en las listas) es radicalmente distinta:

Salarios estancados: Muchos sueldos parecen congelados en el tiempo, como si el COVID lo hubiera pausado o, peor aún, como si hubiera servido de excusa para normalizar la precariedad.

rockstars de 1200 euros. Camarero recomendado familia en restaurante

La inflación del ego vs. la inflación real: El coste de la vida sube, el precio de la botella en carta se dispara, pero la nómina del que la sirve sigue siendo, en demasiados casos, una “mierda” que no permite llegar a fin de mes.

El silencio de los corderos: Curiosamente, en este mundo de estrellas y divos, parece que solo los profesores y los sindicatos de educación se atreven a gritar por sus condiciones. En la hostelería, el miedo o el brillo de la purpurina parecen haber anestesiado la protesta.

Menos postureo, más dignidad

Está muy bien celebrar el talento. Es fantástico que la gastronomía tenga el reconocimiento social que merece. Pero no podemos permitir que los flashes de las cámaras nos cieguen ante el hecho de que el sector se está volviendo cada vez más precario.

No necesitamos más rockstars si el equipo de gira no puede pagar el alquiler.

Necesitamos que el reconocimiento en las redes se traduzca en respeto en el contrato. Porque, al final del día, los likes no se comen, ni pagan las facturas. Es hora de pinchar la burbuja y volver a poner el foco donde realmente importa: en las personas, no solo en sus personajes.

¿Crees que el cliente final es consciente de esta brecha entre el glamour de las listas y la realidad de las nóminas, o el “brilli-brilli” ha ganado la batalla por completo?

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