Qué es el WSET y por qué el mundo del vino sigue hablando un idioma que la mayoría de la gente no entiende
Hace unas semanas, en una conversación informal, alguien me preguntó qué era exactamente el WSET. Mi respuesta duró unos tres minutos. Su cara de desconcierto, bastante más.
Y fue entonces cuando me di cuenta de algo: fuera del sector del vino, muy poca gente sabe qué es el WSET. Y, sinceramente, tampoco tendría por qué saberlo. Ya que estamos, te lo cuento.
¿Qué es el WSET?
El Wine & Spirit Education Trust (WSET) es una de las instituciones educativas más reconocidas del mundo en formación sobre vinos, destilados y sake. Fundada en Londres en 1969, ofrece certificaciones internacionales dirigidas tanto a profesionales de la hostelería como a aficionados que desean profundizar en sus conocimientos.
Sus programas combinan teoría, geografía vitivinícola, análisis sensorial, aspectos comerciales y el famoso Método Sistemático de Cata (SAT), una herramienta diseñada para crear un lenguaje común que permita describir y evaluar vinos de forma objetiva en cualquier parte del mundo. Algo que también ayuda a comprender mejor territorios, variedades y estilos de elaboración, como ocurre en el artículo sobre el Bizkaiko Txakolina.
“El problema no es la formación. El problema es cuando confundimos conocimiento con complejidad.”
A medida que avanzas en tu formación obtienes diferentes niveles de certificación: WSET 1, WSET 2, WSET 3 y WSET 4. Algo parecido a lo que representan los títulos de Cambridge para quienes estudian inglés.
Y, sin embargo, da la sensación de que en algunos círculos hemos desarrollado una cierta obsesión por acumular siglas.
Pero mis preguntas no son para el WSET.
Son para el WSET y para cualquier otra acreditación, diploma o etiqueta que decidamos colocarnos.

Cuando las credenciales importan más que las personas
¿En qué momento empezamos a presentarnos por el título antes que por la persona?
¿Cuándo una certificación se convierte en un símbolo de estatus?
¿Cuándo una acreditación pasa a ser más importante que la capacidad de conectar con quien tienes delante?
Porque aquí no estoy cuestionando el conocimiento.
Estoy cuestionando el postureo.
La diferencia es importante.
Pensemos en algo tan cotidiano como el carnet de conducir.
Estudias señales, normas de circulación, prioridades, mecánica básica y seguridad vial.
Apruebas un examen.
Obtienes un permiso.
Y recibes un documento que acredita que tienes los conocimientos necesarios para conducir.
Pero eso no te convierte automáticamente en un gran conductor.
Y mucho menos garantiza que lo sigas siendo veinte años después.
Las carreteras cambian.
También evolucionan los vehículos.
Las normas se actualizan.
Y las circunstancias también.
Por encima de todo, la práctica cuenta.
Mucho.
Tener un carnet no te convierte en un conductor excepcional. Del mismo modo, tener un diploma no te convierte automáticamente en un gran comunicador, en un buen vendedor o en alguien capaz de emocionar a través de una copa de vino.
El problema no es estudiar.
El problema es dejar de aprender.
No critico la formación. Todo lo contrario.
Critico la idea de que el conocimiento queda congelado el día en que recibes un certificado.

¿Cuánto sabes o qué haces con lo que sabes?
Mientras tanto, muchos profesionales seguimos preocupados por acumular credenciales, niveles y distintivos, mientras una parte importante de las nuevas generaciones abandona la conversación por otra puerta.
Durante años, el vino ha comunicado puntuaciones, clasificaciones, terminología técnica y títulos.
Mientras tanto, otras bebidas han comunicado experiencias, momentos, amistad, territorio y historias.
La pregunta incómoda es sencilla:
Si necesitas explicar tres siglas antes de explicar por qué un vino es emocionante, quizá el problema no sea la falta de curiosidad del público.
Quizá el problema sea nuestro lenguaje.
Y entonces surge otra pregunta.
¿Y si la cuestión no fuera cuánto sabes?
¿Y si fuera qué haces con lo que sabes?
He conocido personas con certificaciones impresionantes incapaces de hablar de vino sin intimidar a quien tienen delante.
Y también he conocido viticultores, camareros, agricultores y elaboradores sin ningún título internacional e incluso sin idiomas, capaces de conseguir que te enamores de un vino en cinco minutos.

Tal vez el futuro del vino no pase por acumular más siglas detrás de nuestro nombre.
Tal vez pase por recuperar algo mucho más sencillo.
La capacidad de conectar.
Porque nadie se enamora de un diploma.
La gente se enamora de una copa.
Y casi siempre termina enamorándose de la persona que hay detrás de ella y de quien se la cuenta.
Si quieres seguir algunas de las actividades divulgativas que organizo, puedes visitar nuestro perfil de The Wine Truck en Instagram.
