Las recetas que nos salvaron: cocinar para recordar

Libro Las recetas que nos salvaron de Esther Ingraín y Encarna García

En casa de Esther Ingraín siempre se ha esperado para comer. Si falta alguien, se espera. Porque para ella comer es reunirse, compartir y estar juntos.

Por eso encontrarse sola a finales de 2020 fue especialmente duro. El 29 de noviembre falleció su padre, Eliseo. Pocos días después, su madre, Encarna, tuvo que ser ingresada en el hospital y su pareja vivía entonces en Canarias.

Empezó a cocinar para llenar aquellas horas y mantener la mente ocupada. Cuando su madre regresó a casa y se recuperó, comenzaron a cocinar juntas.

Más de cinco años después, aquella cocina compartida se ha convertido en Las recetas que nos salvaron, un libro de Encarna García y Esther Ingraín que reúne 61 recetas y muchos pedacitos de su historia familiar.

Cuando cocinar se convirtió en refugio

Antes de todo aquello, la cuenta de Instagram de Esther tenía poco que ver con la cocina. Fotógrafa y apasionada de la imagen, compartía paisajes, fotografías de aquello que encontraba por la calle y, ocasionalmente, algún plato.

Después de la muerte de su padre empezó a compartir lo que cocinaba y, cuando Encarna pudo incorporarse a la cocina, encontraron casi sin buscarlo una combinación que funcionaba: su madre aportaba sus dotes culinarias y Esther, su pasión por la fotografía.

Esther Ingraín y Encarna García con el libro Las recetas que nos salvaron

Así fue evolucionando la cuenta hasta convertirse en Esther Cocinillas y alrededor de sus platos empezó a crecer una comunidad. Llegaron seguidores y también las primeras colaboraciones. La primera fue precisamente de croquetas, algo que todavía recuerdan con especial gracia porque, como dice Esther, «nos flipan».

Publicar un libro era una idea que llevaba tiempo rondándole por la cabeza, aunque la veía difícil de materializar. Hasta que, cinco años y dos meses después de haber empezado a cocinar, DashBook le propuso convertir aquella idea en un proyecto real.

Prepararlo les ha llevado alrededor de seis meses, adaptando el trabajo a sus circunstancias de salud y aceptando que algunos días aquel «mañana cocinamos esto» tendría que esperar.

El título del libro cobra todo su sentido cuando Esther recuerda aquellos primeros meses: «Con la soledad que viví en esos días, la cocina me salvó».

61 recetas llenas de recuerdos

Las recetas que nos salvaron reúne recetas familiares heredadas, platos tradicionales y otros vinculados a viajes y momentos importantes en la vida de ambas.

Receta de ropa vieja en el libro Las recetas que nos salvaron

También hay mucha geografía familiar entre sus páginas. Encontramos recetas vinculadas a Jaén, de donde procede parte de la familia; a Navarra y Lorca, en Murcia; y a Gran Canaria, tierra de Ruyman, pareja de Esther. Sin olvidar Barcelona y Pallejà, donde viven Esther y Encarna.

Hasta el número de recetas esconde un pequeño homenaje: son 61 porque Encarna nació en 1961.

Cuando le pedí a Esther que escogiera tres especialmente importantes para ella, la primera fue la sepia con patatas, un clásico de Navidad en su casa. Adora esas fechas y es uno de esos platos que nunca faltan en la mesa familiar.

Las galtas al horno la llevan directamente hasta su padre, a quien le gustaban especialmente. Esther resume ese recuerdo con una frase preciosa:

«Mis domingos huelen a limón».

Las patatas al horno con canela, en cambio, la transportan directamente a su infancia, una etapa de la que conserva recuerdos especialmente felices.

Bombas estilo de la Barceloneta en el libro Las recetas que nos salvaron

Son solo tres de las 61 recetas, pero ayudan a entender que estamos ante algo más que una recopilación de platos.

Algunas de sus páginas incorporan también fotografías familiares, historias y anécdotas. No ocurre con todas las recetas ni todos sus protagonistas han fallecido. Esther quería recordar a quienes ya no están, pero también conservar momentos de quienes todavía pueden sentarse alrededor de la mesa.

Para recopilar esas historias hizo a familiares y amigos una pregunta:

«Cuando piensas en esa persona, ¿qué plato te recuerda a ella?»

Las respuestas hicieron aparecer padres, tíos, amigos y momentos compartidos. Porque probablemente todos tenemos alguna receta que asociamos inmediatamente a alguien: un plato que sabe a infancia, a domingo, a Navidad o, sencillamente, a casa.

Un libro para sentir

Antes de terminar quise hacerle a Esther una pregunta que poco tenía que ver con ventas, cifras o recetas: ¿qué te gustaría que sintiera alguien al abrir tu libro?

Su respuesta me llevó hasta otro libro: Como agua para chocolate, de Laura Esquivel, la obra que consiguió que Esther se enamorara de la lectura.

Esther no pretende comparar ambos libros. Dice que se conformaría con que Las recetas que nos salvaron provocara siquiera un 0,01 % de lo que aquella historia consiguió hacerle sentir.

«La pasión, el dolor, la pena… Solo sentir. Con eso estaría contenta, que haga sentir algo, lo que sea».

Quizá ahí esté también la esencia de este libro.

Todos tenemos alguna receta que sabe a nuestra infancia, que anuncia que es Navidad, que seguimos preparando como la hacía alguien de nuestra familia o que consigue devolvernos durante unos minutos a una persona y a un momento.

Recetas que, además de alimentarnos, nos ayudan a recordar.

Información práctica

Título: Las recetas que nos salvaron
Autoras: Esther Ingraín y Encarna García
Editorial: DashBook
Número de recetas: 61
Precio en preventa: 29,90 €
Libro + punto de libro: 31,90 €
Publicación prevista: mediados de diciembre de 2026
Preventa: mínimo de 150 ejemplares para que la edición pueda salir adelante
Dónde comprar: a través de DashBook

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