El Puchero de La Luna: receta de cuchara

Posicionarse. Destacar. Hacerse un huequecito en el corazón del consumidor, del cliente, en unos tiempos difíciles, de feroz competencia en el mundo de los negocios. Los empresarios invierten en idear fórmulas fórmulas, novedosas que permitan “asomar la cabeza” y atraer la atención de unos clientes cada vez más informados y con más opciones para elegir.

El mundo de la gastronomía no es ajeno a esta tendencia, y en una época en la que a la gente le cuesta salir y para hacerlo baraja múltiples opciones, hay que ofrecer un “plus” para que tu oferta sea lo más atractiva posible. Una de ellas, quizás la que más ha florecido en el país, es la creación de rutas gastronómicas especializadas, como la Ruta de la Tapa, o las dedicadas a un guiso o plato típico de la región. Siguiendo estas tendencias, en Albacete, mi ciudad, se celebran por estas fechas las Jornadas del Puchero.

Lo confieso, soy una admiradora incondicional del puchero. Tanto, que se me hace la boca agua con tan solo hablarte de él. Siempre he defendido con fervor los guisos de cuchara, los pucheros ancestrales que se remontan a los tiempos en los que ningún alimento se despreciaba porque no abundaban o, simplemente, por voluntad de aprovechar,  una especie de reciclaje en la cocina en el que eran expertas nuestras abuelas y que, desgraciadamente, tiende a desaparecer.

Siempre ando tratando de rescatar viejas recetas de “marmita y chup chup”, guisos que nuestros abuelos removían con infinita paciencia en viejas perolas al fuego, dejando que el olor de los alimentos que en ellas se guisaban inundaran las cocinas de ricos aromas. Me encanta buscar en libretas olvidadas en viejos desvanes las combinaciones afinadas y mejoradas a lo largo de décadas por nuestros ancestros, viejas fórmulas de perol y fuego lento que intento rescatar de un inmerecido olvido.

Sin despreciar las innovaciones gastronómicas a base de modernas alquimias y revolucionarias técnicas, me gusta volver a la confortable y deliciosa seguridad de un buen guiso de cuchara, como esa vieja manta que tanto nos abriga y que nos resistimos a tirar. Porque esa es una de las virtudes de un buen puchero, que nos caliente el cuerpo en invierno y nos haga recordar los olores y sabores de nuestra infancia con cada cucharada que hundimos en nuestro plato.

De una de esas viejas libretas casi olvidadas de mi abuela, rescaté el guiso que hoy comparto contigo, y que este año vamos a preparar en Flow Cooking por encargo de la Vinoteca La Luna, una receta con la que quieren, por primera vez, entrar en la ruta gastronómica de las  Jornadas del Puchero de Albacete, que este año alcanza su novena edición.

Así que, si estás por la zona, te recomiendo que te acerques a probarlo. Es un guiso delicioso, que ya obtuvo un premio en un concurso de Recetas con Legumbres, totalmente apto para vegetarianos y absolutamente recomendable para amantes de los guisos de cuchara.

RECETA DE EL PUCHERO DE LA LUNA

Comenzamos con los secretos de este delicioso manjar, así que ve poniéndote el delantal y… ¡Al fogón!

INGREDIENTES (más o menos para 6 personas)

  • 1 Calabaza mediana
  • 2 Nabos
  • 1 cebolla mediana
  • 1/4 de pimiento rojo
  • 1 patata hermosa
  • 1 cabeza de ajos
  • 2 cucharaditas de pimentón (importante q sea de la Vera o similar)
  • 2 tomates de pera o bien rojos, rallados
  • 400 gramos de alubias blancas (puestas a remojo la   noche de antes)
  • 3-4 cucharadas soperas de aceite de oliva virgen
  • Sal y laurel
  • 2 litros de agua, aproximadamente (mejor si es algún caldo de cocer verduras, como puerro, carlota, judías verdes… pero que sea suave)

PREPARACIÓN

Para empezar, puedes tener las alubias en remojo el día de antes. Si no has tomado esta precaución, puedes usar alubias de bote, que también dan buen resultado y están ya preparadas para ir a la cazuela, una vez pasadas por el grifo y escurridas.

Empieza a hacer el sofrito. Pon (por este orden) el aceite, la cebolla picada, el pimiento rojo cortado al gusto y la cabeza de ajos entera (puedes hacerle un pequeño corte a cada diente). Pon un poquito de sal y pocha todo hasta que esté tierno, añade el tomate rallado y dale vueltas hasta que “suelte” de nuevo el aceite, es decir, que pierda toda el agua el tomate. Entonces será el momento de echar el pimentón sin dejar de remover para que no se queme y amargue el guiso.

A continuación, añade el agua, el nabo cortado a rodajas y la calabaza, a trozos no demasiado pequeños, ya que se deshace bastante y aunque es una delicia que espese y deje muy cremoso el guiso, también te agradará encontrar luego algún trozo sin deshacer. Incorpora las alubias y la patata rota en “cachelos”, esto es, sin cortarla del todo, solo haciendo una incisión y terminando de romperla con la mano, para que conserve el almidón y también ayude a espesar el caldo.

Es ahora cuando debes dejar que tu guiso se vaya haciendo a fuego muy lento, hasta unas dos horas.

Si al final has optado por las alubias sin cocer, puedes “asustarlas” al principio de la cocción, añadiendo un poco de agua fría cuando las veas hervir, con lo cual conseguirás que te queden algo más tiernas.

Debes tener la precaución de remover de vez en cuando el guiso, porque se puede pegar al fondo y estropearlo del todo. Antes de servirlo, pruébalo, por si tuvieras que rectificar de sal.

CONSEJOS DE ÚLTIMA HORA

Un par de consejos: el primero, si tienes la suerte de disponer de una cazuela de barro, es idónea para este guiso, verás cómo le da un toque especial y sabroso. Y segundo, como casi todos los guisos, está muchísimo más rico si lo preparas de un día para otro.

Espero que te guste tanto como a mí. ¡Hasta otra receta!

NUESTRO MARIDAJE CON ESTE PLATO 

Sonia Molero

Una botella de Clos Lojen 2015 de Bodegas y Viñedos Ponce con D.O. Manchuela, un impresionante vino tinto con uva Bobal 100% procedente de viñedos ecológicos, sin apenas adición de sulfuroso en su elaboración. Un vino tan natural y auténtico como el plato de hoy. A nuestros abuelos, sobre todo a los de Mamen, le encantarían. Su precio: 8 euros

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