Si los vinos se vendieran por fascículos…

Estanterías repletas de botellas para imaginar los vinos por fascículos como una colección interminable

Septiembre tiene muchas cosas buenas. Volver a salir a cenar sin sentir que vas a morir derretido. Recuperar las chaquetas que habías dado por perdidas. Hacer planes que empiezan con un inocente «este otoño tenemos que…». Los vinos por fascículos todavía no son una de ellas, pero todo se andará.

Porque septiembre también tiene una tradición que nadie ha pedido, pero que siempre vuelve: los coleccionables.

Los ves en televisión, en prensa, en los quioscos:

Construye tu barco de madera pieza a pieza.
Colecciona las locomotoras más importantes de la historia.
Aprende a pintar al óleo.
Monta un castillo medieval a escala 1:87.

Sara Fernández frente a un quiosco con colecciones por fascículos

Los vinos por fascículos: la colección empieza

Y entonces pienso: si tuviera que montar una colección de vinos por fascículos, la llamaría «Colecciona los grandes vinos de España». El primer fascículo costaría 9,99 € e incluiría una botella, una copa y una pequeña guía para fingir que sabes lo que estás haciendo.

A partir del segundo, el precio ya no estaría tan claro…

Y mi colección empezaría así:

Fascículo nº 1: Rioja

Empezamos por uno de los nombres más reconocibles del vino español. Rioja nos lleva a la tempranillo, a la crianza en madera y a esa clasificación entre crianza, reserva y gran reserva que todos creemos controlar hasta que alguien empieza a hacer preguntas.

Incluye una botella de Rioja, una copa de tinto y una ficha con palabras como crianza, tempranillo, roble y terruño.

Y si con tanta crianza, roble y terruño ya parece que hablamos otro idioma, en ¿Qué es el WSET? cuento por qué el lenguaje del vino a veces ayuda a entenderlo y otras acaba convirtiéndose en una barrera.

Regalo especial: un pequeño mapa para localizar Haro.

Fascículo nº 2: Rías Baixas

De los tintos pasamos al Atlántico. En Rías Baixas, la albariño es la gran protagonista de unos vinos ligados al paisaje, al clima y a la tradición vitivinícola gallega.

Incluye una botella de Albariño y una copa que, según la publicidad, «realzará sus aromas atlánticos».

Regalo especial: una gabardina imaginaria para beber vino mirando al mar, aunque estés en el salón de casa.

Fascículo nº 3: Jerez

En Jerez cambia el vino y también el vocabulario. Aquí aparecen la albariza, el sistema de criaderas y solera y el velo de flor. Llegados a este punto, la pequeña guía empieza a ser realmente necesaria.

Bodega de Jerez con botas de roble para la colección de los vinos por fascículos.

Incluye una botella de Fino, una copa de catavinos y una pequeña guía para entender por qué alguien puede decir que un vino huele a almendra, pan y salinidad y, sorprendentemente, tener razón.

Regalo especial: una tiza para apuntar «flor» en la pizarra. (Sobre qué es el velo de flor hablamos en el siguiente fascículo.)

Fascículo nº 4: Bierzo

Entre montañas y con una identidad vinícola propia, el Bierzo tiene en la mencía una de sus variedades tintas más reconocibles. Una buena parada para recordar que el mapa del vino español no termina en Rioja y Ribera del Duero.

Incluye una botella de Mencía, una copa de tinto y un folleto que explica que hay vida más allá de Rioja y Ribera del Duero.

Regalo especial: permiso oficial para decir «la Mencía es una variedad que deberíamos beber mucho más».

Fascículo nº 5: Priorat

En el Priorat no basta con mirar la copa: también hay que mirar al suelo. Allí aparece la llicorella, una pizarra que forma parte del paisaje y de la identidad de sus vinos.

Incluye una botella de Priorat.

Regalo especial: una pequeña muestra de llicorella para entender que aquí la geología también tiene algo que decir.

Fascículo nº 6: Txakoli

Incluye instrucciones para servirlo desde cierta altura. Porque si vas a beber un vino ligeramente ácido, fresco y atlántico, qué menos que acompañarlo con un poco de teatro.

Y, para descubrir que el txakoli es mucho más que ese gesto, puedes leer Bizkaiko Txakolina: dinamismo con raíces, donde te hablo de sus variedades, sus categorías especiales y su vínculo con el territorio.

Regalo especial: una guía para servirlo sin perder la dignidad.

Fascículo nº 7: Canarias

Canarias abre otro capítulo: cepas prefiloxéricas, variedades autóctonas y suelos de origen volcánico. En algunas islas, las viñas crecen entre ceniza y roca negra, en paisajes que parecen pensados para poner a prueba al viticultor.

Incluye una botella de vino volcánico, una copa y un pequeño mapa para recordar que sí, que también hay viñedos en las islas.

Regalo especial: unas gafas de sol. Porque después de beber un vino de Canarias, al menos mentalmente, ya estás de vacaciones.

Y así podríamos seguir.

Un Cava. Un Verdejo. Un Montsant. Un Godello. Un Toro. Un Ribeiro. Un rosado de Navarra…

Una botella detrás de otra.

Sara y Jonathan, equipo de The Winetruck, sosteniendo varias botellas de vino

Porque si algo nos gusta a los que bebemos vino es tener siempre una excusa para abrir una botella nueva.

El problema de los vinos por fascículos llega cuando la colección empieza a crecer… porque la primera botella cabe perfectamente en la cocina, la segunda también, la tercera ya necesita compañía, a la quinta empiezas a pensar que quizá deberías tener una vinoteca, a la décima tienes una vinoteca, a la vigésima tienes dos… y cuando llegas al fascículo 37 descubres que el verdadero objeto de colección no eran las botellas… era el sitio donde meter la siguiente.

Pero hay algo maravilloso en esta idea de coleccionar vinos porque, a diferencia de otras colecciones, una botella no está hecha para quedarse intacta en una estantería.

Está hecha para abrirse, para compartirla, para descubrir qué cuenta.

Botella de vino sirviéndose en varias copas alrededor de una mesa

Y aquí es donde el juego de los fascículos deja de ser tan absurdo.

Porque cada botella podría ser, en realidad, un pequeño fascículo de geografía: un paisaje. Una variedad. Una manera de trabajar la tierra. Una persona que decidió plantar allí. Un pueblo. Una tradición. Una vendimia especialmente complicada. Una familia que lleva generaciones haciendo vino.

Y entonces la colección empieza a tener sentido porque no estaríamos coleccionando botellas, estaríamos coleccionando mucho más.

Una botella de Jerez nos llevaría al sur y a sus albarizas, un Albariño nos acercaría al Atlántico y a los paisajes verdes de Galicia, un vino de Canarias nos enseñaría que también se puede hacer viticultura entre volcanes…

Y así, botella a botella, copa a copa, vamos construyendo una geografía bastante más interesante que cualquier mapa.

Quizá por eso me gusta tanto la idea de los vinos por fascículos: tiene algo de juego y, puestos a coleccionar, prefiero hacerlo con cosas que después podamos beber.

Eso sí, si alguien decide lanzar oficialmente «Los grandes vinos de España, colección completa», que avise.

Necesitaré saber cuántos fascículos son. Y, sobre todo, cuánto mide la estantería.

Porque completar la colección seguramente será imposible.

Pero intentarlo…

Eso sí que parece un buen plan para este otoño.

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